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De
arte,
crítica
y
futuro
Cuando aquél de las Cuevas plasmó el Bisonte no tenía crítico, ni marchand, ni curador. El creador de la venus, en Willendorf, tampoco. Han pasado unos cincuenta mil años desde aquellos días en que fueron creadas esas y muchas otras obras, las que nos siguen emocionando por su belleza, por sus contenidos y por la Energía que transmiten, más allá de Cronos. El
misterio
de
la
creación.
La
imposibilidad
de
un
análisis
desde
la
razón
para
responder
al
interrogante
acerca
de
cómo
es
que
esas
obras
perduran
en
el
tiempo.
Hoy,
con
un
aparato
gigantesco
de
difusión
y
promoción,
me
pregunto
cuáles
serán
las
obras
que
lleguen
a
durar
no
50.000
años,
sino
apenas
mil,
quinientos,
o
simplemente
cien.
Claro,
este
aparato
difusor,
está
organizado
por
los
mercaderes,
que
han
vaciado
de
esencia
a
la
obra
artística
para
convertirla
en
mercancía,
poniéndola
al
mismo
nivel
de
los
objetos
que
se
compran
y
venden
en
el
mercado;
sólo
que
están
disponibles
para
quiénes
pueden
erogar
grandes
sumas
de
dinero. Al
mismo
tiempo,
los
medios
de
información
con
sus
respectivos
críticos
consagran
a
artistas
cuyos
nombres
ocupan
grandes
espacios
en
diarios,
revistas
especializadas,
noticieros,
programas
de
TV.
Pero
una
vez
que
agotaron
esa
instancia,
aparece
otro
“valor”,
un
nuevo
valor
es
descubierto
y
los
artistas
promocionados
anteriormente,
caerán
en
el
olvido. Lllevo
más
de
veinte
años
trabajando
en
el
Centro
Cultural
Recoleta.
He
visto
“subir”
y
“bajar”
a
muchos. Quiero
decir,
o
mejor
dicho
digo:
que
al
mercado,
producto
de
los
mercaderes,
esa
lejana
posteridad
no
les
interesa
en
absoluto.
El
dinero
es
hoy.
Aquí
y
ahora.
Qué
otra
cosa
es
sino,
el
fin
de
la
historia
que
ellos
pregonan.
Esta
es
la
gran
mentira
jamás
urdida
por
el
hombre. Sucede
que
en
esta
circunstancia
de
dominación,
todo
es
sometido
a
las
necesidades
de
los
poderosos,
convencidos
estos,
de
su
impunidad. Esta
sociedad
imperfecta,
que
cree
que
todo
lo
domina,
es
incapaz
de
organizar
un
acto
de
Justicia
Universal.
Más
de
la
mitad
de
la
población
mundial
padece
hambre,
o
al
menos,
está
bajo
la
línea
de
pobreza. Esta
sociedad
ejerce
a
través
de
la
injusticia,
la
mayor
violencia
de
la
que
el
hombre
sea
capaz.
Violencia
que
mata
silenciosamente,
sin
armas,
sin
bombas,
sin
ningún
elemento
contundente;
tiene
la
capacidad
de
diezmar
la
población
mundial
de
a
millones,
casi
a
diario,
sin
disparar
un
solo
tiro.
Matan
a
través
del
Hambre. Y
lo
demencial,
lo
pavoroso,
es
que
esto
acontece
en
el
mismo
instante
en
que
los
poderosos
proponen
un
mundo
mejor,
hablan
de
libertad,
democracia,
justicia
y
una
sarta
de
mentiras
que
sostienen
con
su
aparato
de
difusión
fenomenal.
Mientras,
llenan
sus
arcas
con
dinero
manchado
de
sangre
y
de
vidas.
Pero
por
si
alguien
no
se
dio
cuenta
de
su
poderío,
tienen
un
armamento
extremadamente
sofisticado,
para
utilizar
de
inmediato,
contra
todo
aquel
que
intente
perturbar
sus
deseos
imperiales.
Y
lo
han
dicho
públicamente:
“Iremos
con
las
armas,
si
fuera
necesario,
donde
veamos
peligrar
nuestros
intereses”.
Pero
no
es
sólo
esto.
Ahora,
ya
no
defienden
sus
intereses,
sino
que
salen
a
buscar
más,
a
dónde
sea,
dejando
miles
de
muertos
inocentes,
despedazados
por
sus
armas
“inteligentes”.
Claro,
en
nombre
de
la
libertad,
contra
el
terrorismo
internacional,
en
nombre
de
la
democracia
y
la
justicia.
Mierda
que
son
mentirosos
estos
tipos.
Y
entonces
aquel
Bisonte,
aquella
venus,
cobran
Dimensión
Universal
y
redimen,
mitigan
tanto
dolor.
Porque
el
arte
es
bálsamo
reparador. Pero...
los
artistas
de
hoy... Con
este
Nuevo
Orden
del
Mundo,
que
es
cada
día
más
poderosos
y
cuyo
poder
lo
ejercen
pocos
países,
al
mismo
tiempo,
crece
una
población
que
está
fuera
de
ese
“centro”
y
que
a
su
modo
lucha
por
«vivir».
Son
los
insatisfechos,
los
inadaptados,
los
descontentos,
los
que
no
aceptan.
Y
estos
millones
serán
los
que
pondrán
en
jaque
a
quienes
pretenden
un
ajedrez
perverso
y
luego
del
jaque
vendrá
el
“jaque
mate”
o
antes
de
esta
jugada,
deberán
tirar
al
rey.
Lo
vaticino. Por
ello
sostengo
el
pensar
en
un
arte
nuevo,
un
arte
político
que
surgirá
de
la
“sociedad
de
excluidos”,
un
arte
que
no
estará
en
el
mercado,
un
arte
que
será
intercambio,
comunicación,
a
la
vez
que
sentido
y
comprendido
por
todos
los
que
están
afuera.
Surgirá
una
nueva
Estética. Los artistas, como otrora, no necesitarán de críticos, de marchands; de revistas especializadas, porque el arte estará entre “ellos”, porque desde ellos surgirán los artistas. En éste que también es otro mundo posible. |
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