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Desequilibrio
En
un
canal
de
cable,
un
programa
titulado
Otro
Tema,
mostró
como
pocas
veces
he
visto
en
TV, un análisis sobre la pobreza. Desgarrador. Impresionante. Dice el conductor, luego de hacer estudios y mediciones, que el diez por ciento de la población en Argentina, vive en la indigencia. Quiere decir, cuatro millones de argentinos, no tienen al menos, una comida por día. Mueren
cinco
mil
niños
anualmente,
por
causas
evitables.
Las
imágenes
desgarradoras,
dolientes,
patéticas.
Lágrimas
salen
de
impotencia,
de
bronca,
de
no
poder
hacer
nada
ya,
pero
habrá
que
hacerlo. Hay
que
terminar
con
esta
sideral
injusticia. Millones
de
argentinos
viviendo
en
condiciones
infrahumanas. Un
médico,
que
opinó
en
el
programa,
dijo,
por
ejemplo,
que
un
cerdo
mantenido
en
China
con
el
alimento
balanceado
que
le
venden
desde
argentina,
está
mejor
nutrido
y
alimentado
que
un
niño
que
habita
en
este
suelo. Se
habló
de
los
recursos
que
se
destinan
para
causas
mucho
menos
necesarias,
mucho
menos
importantes
que
la
vida
de
quienes
mueren
por
causa
del
hambre
y
de
enfermedades
reitero,
evitables. Equilibrar,
tiene
como
sinónimos
compensar,
nivelar,
igualar,
estabilizar. El
desequilibrio
es
el
opuesto,
lo
que
rompe
la
igualdad,
lo
que
desnivela,
en
definitiva,
lo
que
corrompe,
lastima,
duele. Lo
que
también
me
llamó
poderosamente
la
atención,
fue
que
terminado
el
primer
bloque
del
programa,
vino
la
tanda
de
avisos
publicitarios:
el
primero,
La
Serenísima
–un
monopolio
lácteo-
proponiendo
una
leche
fortificada,
con
todas
las
propiedades
de
bonanza
habidas
y
por
haber,
para
mantener
bien
alimentados
a
los
niños.
Sideral
paradoja,
en
medio
de
la
hambruna
que
mostraba
el
programa El
siguiente
aviso,
un
queso
maravilloso,
suave,
exquisito
para
paladares
exquisitos,
masticado
por
un
señor
que
ha
llenado
sus
bolsillos
con
programas
en
los
cuales
enseña
a
cocinar
por
la
televisión Luego,
lo
más:
la
oferta
del
Banco
Hipotecario
Nacional,
ofreciendo
la
felicidad
de
la
casa
propia,
todo
esto,
mientras
el
locutor
ofrecía
las
bondades
del
crédito
hipotecario,
mechado
con
imágenes
de
casas
bellas,
rincones
de
casas,
cocinas,
todo,
seguramente,
por
una
cómoda
cuota
mensual. Las
imágenes
del
programa,
mostraban
barrios
de
una
pobreza
imposible
de
imaginar,
pedazos
de
cartones
y
chapas
con
paredes
de
trapos
sucios
haciendo
de
vivienda
de
una
mujer
con
cinco
hijos
a
la
cual
el
periodista
le
preguntó
que
comerían
por
la
noche
y
dijo
la
madre:
y...
pan
con
leche.
¿Y
en
el
almuerzo?
Insistió
el
periodista.
Respondió
la
mujer:
-No...
a
veces
no
comemos,
aguantamos... Lo dije en otro texto: HACER UN PAÍS EN EL CUAL LA INJUSTICIA, LA POBREZA Y EL HAMBRE, SEAN IMPOSIBLES. |
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