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| Cuaderno Testimonial |
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Homo...
El Cavernícola que memoro sigue ahí, diciéndome tantas
cosas... Aunque
a
veces
tengo
la
sospecha
que
se
pone
triste,
o
en
estado
melancólico,
ya
que
cuando
lo
piensan
y
lo
describen
algunos
que
saben,
le
ponen
nombres
extraños
como
Homo
Erectus,
Homo
Habilis
u
otro
tipo
de
palabras
que
quieren
decir
hombre,
como,
si
quienes
lo
piensan
y
describen
no
viniesen
desde
él,
desde
aquellos
inicios.
Y
este
amigo
cavernícola
siente
que
han
pasado
ya
algunos
millones
de
años
de
sus
primeros
pasos
en
el
planeta
y
que
ellos,
los
de
allá,
dieron,
esos
Primeros
Grandes
Pasos
para
que
nosotros,
los
de
hoy,
estemos
habitando
este
planeta.
Y
como
siempre,
el
hombre,
el
que
estudia,
indaga,
investiga,
se
aleja
de
eso
que
indaga,
estudia,
investiga
y
es
así,
que
en
muchas
ocasiones,
el
elemento
analizado
comienza
a
serle
extraño,
lejano.
Y
ya
no
habla
de
la
naturaleza
como
él
mismo,
sino
que
habla
desde
afuera,
desde
algún
otro
lado
que
no
es
el
que
debería
ser
si
uno
es
parte
de
ese
todo.
Habla
desde
su
“conocimiento”,
desde
su
“inteligencia”
y
es
por
ello
que
el
Cavernícola
se
pone
triste,
porque
siente
que
lo
dejan
afuera,
cuando
él,
él
mismo,
es
el
Inicio
de
lo
humano.
Y
sobrevivió,
continuó,
pobló,
dado
su
Saber
en
el
aprendizaje. Y llaman al Primigenio “hombre habilidoso”, ya que se descubrieron cerca de sus restos, allá por Kenia, algunos artefactos litios, queriendo decir con esto que era capaz de “hacer”. Luego hablan de su capacidad de prensión, claro, si el dedo prensil, es el que nos diferencia, y como Aquel no era estúpido, hizo uso de él, de la manera más natural. No tuvo que ponerse a pensar para qué servía ese dedo que tenemos medio de costado en las manos. Hizo. Lo que corresponde. Hizo, de hacer. Y entonces, se
dijo
millones
de
años
después:
“El
hombre
es
lo
que
hace”
Claro,
deja
huella.
Si
anda,
su
huella
queda
en
el
suelo.
Si
crea
el
arte,
éste
permanece
en
la
cueva
y
atraviesa
los
tiempos
y
llega
hasta
hoy
y
nos
emocionamos
ante
ese
bisonte
maravilloso
allí
plasmado.
Como
esas
puntas
de
flecha
trabajadas
con
mano
de
orfebre,
pulidas,
milimétricamente
para
que
pudiesen
ser
útiles
a
la
hora
de
tener
que
conseguir
el
alimento.
Manos
que
hicieron.
Y
alguna
vez,
cuando
participé
de
un
encuentro
en
el
cual
se
hablaba
del
Progreso,
dije
que
yo
prefería
vivir
en
un
mundo
“hecho
a
mano”. |
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