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TEXTOS
De mi utoría
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Cuaderno Testimonial
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Homo...

El Cavernícola que memoro sigue ahí, diciéndome tantas cosas...

Aunque a veces tengo la sospecha que se pone triste, o en estado melancólico, ya que cuando lo piensan y lo describen algunos que saben, le ponen nombres extraños como Homo Erectus, Homo Habilis u otro tipo de palabras que quieren decir hombre, como, si quienes lo piensan y describen no viniesen desde él, desde aquellos inicios. Y este amigo cavernícola siente que han pasado ya algunos millones de años de sus primeros pasos en el planeta y que ellos, los de allá, dieron, esos Primeros Grandes Pasos para que nosotros, los de hoy, estemos habitando este planeta. Y como siempre, el hombre, el que estudia, indaga, investiga, se aleja de eso que indaga, estudia, investiga y es así, que en muchas ocasiones, el elemento analizado comienza a serle extraño, lejano. Y ya no habla de la naturaleza como él mismo, sino que habla desde afuera, desde algún otro lado que no es el que debería ser si uno es parte de ese todo. Habla desde su “conocimiento”, desde su “inteligencia” y es por ello que el Cavernícola se pone triste, porque siente que lo dejan afuera, cuando él, él mismo, es el Inicio de lo humano. Y sobrevivió, continuó, pobló, dado su Saber en el aprendizaje.
Y hablan, los que estudian, de su capacidad craneana, de las protuberancias que implican un desarrollo respecto de algo que antes parece ser no era, de que seguramente el habla, el lenguaje, de sus denticiones, y me recuerda esto a algo que dice Jorge Ledesma en su libro Cartas Espantosas a mi Maestro, cuando menciona que Colón llevó a unos Originarios de estas tierras llamadas América para que los europeos los viesen cual “bichos raros”, encerrados en una jaula. Material de estudio, dicen algunos.

Y llaman al Primigenio “hombre habilidoso”, ya que se descubrieron cerca de sus restos, allá por Kenia, algunos artefactos litios, queriendo decir con esto que era capaz de “hacer”. Luego hablan de su capacidad de prensión, claro, si el dedo prensil, es el que nos diferencia, y como Aquel no era estúpido, hizo uso de él, de la manera más natural. No tuvo que ponerse a pensar para qué servía ese dedo que tenemos medio de costado en las manos.

Hizo. Lo que corresponde. Hizo, de hacer. Y entonces, se dijo millones de años después: “El hombre es lo que hace” Claro, deja huella. Si anda, su huella queda en el suelo. Si crea el arte, éste permanece en la cueva y atraviesa los tiempos y llega hasta hoy y nos emocionamos ante ese bisonte maravilloso allí plasmado. Como esas puntas de flecha trabajadas con mano de orfebre, pulidas, milimétricamente para que pudiesen ser útiles a la hora de tener que conseguir el alimento. Manos que hicieron. Y alguna vez, cuando participé de un encuentro en el cual se hablaba del Progreso, dije que yo prefería vivir en un mundo “hecho a mano”.  


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