![]() |
|
|
| TEXTOS |
| De mi utoría |
| . |
| Cuaderno Testimonial |
| . |
|
Por
la
mañana.
El intento. Iniciar un día. El día. Que es
todos
los
días.
Que
es
la
vida
en
el
tiempo
que
transcurre.
Ese
otro
tiempo
no
vinculado
a
cronos. Despertar, ir abriendo los ojos
como
para
saber
donde
me
encuentro,
no
sea
que
todavía
esté
deambulando
por
la
noche,
en
el
sueño. Tocar
algo
reconocible;
tal
vez
la
pava
en
la
cual
calentaré
agua,
luego
ir
hacia
el
mate,
pasar
previamente
por
el
paquete
de
yerba,
verter
ésta
en
ese
recipiente
pequeño
que
acepta
la
forma
de
mi
mano
cuando
se
cierra
sobre
él
para
contenerlo,
para
sentirlo,
luego
insertar
la
bombilla
y
esperar
que
el
agua
esté
a
punto
para
dar
inicio
al
ritual
que
abrirá
la
puerta
de
este
día. En tránsito. Sin detención. Aún
sentado
a
la
mesa
sobre
la
que
se
apoyan
los
papeles
graficados
con
tintas
al
solvente,
papeles
blancos
que
ya
tienen
la
marca,
el
estigma
de
una
línea
que
cobra
forma
reconocible
y
es
figura,
filigrana
en
grises
y
negros,
contrastes,
esfumados,
formas
para
decir,
cuando
hay
algo
que
decir;
pugna
constante
que
le
da
sentido
a
mi
existencia. Mientras en la pava, el nivel del
agua
desciende;
la
yerba
muestra
el
desgaste,
la
transformación
a
la
que
es
sometida
en
cada
sorbo.
Y
cavilo.
El silencio se retira cuando
enciendo
la
radio,
sintonizando
la
103.7
y
es
Brahms
el
que
saluda,
el
que
me
da
los
Buenos
Días
con
el
Primer
Movimiento
de
su
Primera
Sinfonía
y
siento,
como
él
dice,
que
el
destino
golpea
a
mi
puerta.
La
abro
en
la
metáfora,
de
par
en
par
y
entra
por
esa
abertura
un
aire
fresco,
agradable,
que
me
hace
respirar
hondo
para
que
mis
pulmones
se
llenen
de
aquel
bosque
que
el
Gran
Músico
le
describía
a
Clara
Vick
en
cartas
memorables
cuando
le
decía
que
mientras
caminaba,
sentía
que
transitaba
sobre
sinfonías
dada
la
belleza
del
lugar. Ay... si uno pudiera llegar a ese
sentir...
a
esa
comprensión
del
sentimiento
para
vivir
en
condición
plena,
de
completud. Y aparece una imagen: Deola,
memoro
los
Pensamientos
de
Pavese
y
escucho
la
voz
de
Graciela
preguntándome
en
La
Giralda
si
todavía
sigo
con
Deola
y
le
cuento
cuando
Walter
Santa
Ana
recorriendo
con
el
ojo
de
sus
manos,
tocando,
acariciando
una
figura
sentada
a
la
mesa
de
un
bar,
mientras
me
decía:
“-Helios,
me
recuerda
a
Maillol”
y
la
emoción
más
intensa,
entretanto
él
recitaba
a
Rabelais,
en
Palabras
Calientes
y
en
medio
del
Poema,
ante
un
auditorio
que
nunca
supo
porque,
Walter,
nombrando
a
todas
las
putas
les
dice:
"-porque
también
está
la
Deola
de
Helios".
Y
ahora
Graciela
te
llamás,
caminando
hacia
Plaza
Once,
sin
anteverme
a
tomarte
de
la
mano
porque
treinta
años
pasados
es
muy
fuerte,
es
tanto
en
el
recuerdo
sin
saber
que
vendrías
desde
un
correo
electrónico
a
sacudirme
la
existencia
una
vez
más. Aquí estoy ahora intentando despertar del todo, tomando envión como quien dice, acomodándome en el día. A través de la ventana observo que todo está gris, el gris de los bellos días otoñales, salpicados del ocre que el viento desprende de los árboles. Y el arabesco del gorrión que se posa sobre una rama, inquieto, movedizo, mirando a un lado, a otro, moviendo su cabecita en rapidez; de repente un imperceptible impulso y vuela planeando hacia la vereda, pienso que va a detenerse pero no, continúa con un aleteo resuelto y toma altura saliendo del alcance de mi vista. Me quedo pensando en él y en aquellos gorriones que todas las mañanas venían a buscar las miguitas de pan que yo esparcía por el patio y ellos, a saltitos picoteaban aquí, allá, partiendo después seguramente hacia sus nidos a llevar el alimento que necesitaban los pichones. Era en primavera. Pero aquellos gorriones son otros recuerdos. Hoy estoy para futuros. Tengo un día por delante. Y debo ganármelo. Las hojas blancas esperan que la tinta comience a ocupar espacios. Deola está llegando nuevamente. Viene de la mano de Pavese. |
|
|
|
Inicio - Presentación - Fotografías - Dibujos - Textos |