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| TEXTOS |
| De mi utoría |
| . |
| Desde el Arte |
| Hacia los jóvenes |
| . |
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1 Durante
milenios
el
hombre
intentó
dar
una
explicación
acerca
del
arte. Una
distinción
llena
de
todos. Quizá San Agustín, nacido el trece de noviembre del año Trescientos bajo el signo de Escorpio, pueda ayudarnos en algo; escuchemos:
"Pero
Señor.
¿De
qué
modo
hicisteis
el
Cielo
y
la
Tierra?
¿Cuál
fue
la
máquina
de
que
os
servisteis
para
una
obra
tan
grande?.
Porque
Vos
no
hicisteis
todo
a
modo
de
que
el
artista
hace
sus
obras,
valiéndose
de
un
cuerpo
para
formar
otro
cuerpo,
comunicándole
aquélla
figura
que
el
alma
voluntariamente
y
por
arbitrio
suyo
ha
trazado
en
su
interior
y
mirándola
con
su
vista
intelectual,
consigue
en
algún
modo
trasladarla
al
exterior. Qué
cosas
dice
este
Agustín. Puedo
colegir
entonces
que
la
creación
artística
no
es
un
acontecimiento
dado
e
inmutable.
Es
más
bien
un
proceso,
un
camino,
una
diaria
mutación. "Así como no podemos rechazar los "fenómenos" más extraños de la naturaleza, tampoco podemos rechazar los "fenómenos" producidos por el artista: sería como sí rechazáramos la propia naturaleza. ¿Qué artista no quisiera habitar allá donde el órgano central del tiempo y del espacio -no importa que se llame cerebro o corazón- determina todas las funciones. En las entrañas de la naturaleza, en el fondo primitivo de la creación, donde está guardada la clave secreta de todo?."
Que
curioso.
Siempre
hay
que
estar
aclarando
estas
vueltas
al
alma,
a
la
naturaleza,
como
si
nadie
comprendiera
que
con
la
expresión
artística
ya
se
dice
todo
lo
que
hay
para
decir,
pues
el
arte
es
directamente
un
"hecho"
de
la
naturaleza.
El
Arte
es
la
Causa
Primera. 2 Algunos
dicen
que
Kawamura
Tokitaro
a
quien
nosotros
conocemos
como
Hokusai,
nació
en
septiembre
de
mil
setecientos
sesenta. 3 Cuando
uno
intenta
introducirse
en
el
campo
de
las
ideas
y
con
deseos
de
compartirlo
se
comunica
con
alguien,
seguramente
debe
preguntarse
si
lo
que
dice
es
a
favor
del
encuentro,
o
bien
genera
una
confusión
que
lo
complica
todo.
Correré
el
riesgo
e
intentaré
puntualizar
para
no
quedar
en
enunciados,
más
allá
de
que
estos
textos
salgan
de
mí
como
a
borbotones,
sin
planificación
previa
de
lo
que
quiero
expresar. "La
poesía
tiene
una
puerta
cerrada
herméticamente
para
los
imbéciles,
abierta
de
par
en
par
para
los
inocentes.
No
es
una
puerta
cerrada
con
llave
o
con
cerrojo,
pero
su
estructura
es
tal,
qué,
por
más
esfuerzos
que
hagan
los
imbéciles,
no
pueden
abrirla;
mientras
cede
a
la
sola
presencia
de
los
inocentes
(nada
hay
más
opuesto
a
la
imbecilidad
que
la
inocencia);
la
característica
del
imbécil
es
una
aspiración
sistemática
a
cierto
orden
de
poder.
El
inocente
en
cambio,
se
niega
a
ejercer
el
poder,
porque
los
tiene
a
todos. A
esta
imbecilidad
de
la
que
habla
Aldo
Pellegrini,
la
relaciono
directamente
con
la
hipocresía,
que
suele
causar
tanto
dolor
y
desolación
en
los
seres
sensibles. 4 A pesar de Amstrong, Glenn, Gagárin, los norteamericanos, los rusos y de toda la parafernalia de la ciencia, me atrevo a decir: la luna sigue saliendo desde el mar. Lila y yo la vimos en San Bernardo, una indescriptible noche que pasamos en la playa. 5 El
mundo
del
espíritu
cae
de
manera
inversamente
proporcional
al
obstinado
"progreso"
de
la
civilización.
Pregunto:
¿Estaremos
en
los
comienzos
del
fin
de
esta
civilización? 6 Picasso
es
de
los
grandes. 7 El
arte
se
relaciona
directamente
con
las
palabras
del
profeta:
"Hay
que
vencer
la
cólera
con
la
dulzura;
hay
que
vencer
al
mal
con
el
bien,
la
mentira
con
la
verdad".
De
Rodin:
"
Para
el
artista
digno
de
ese
nombre,
en
la
naturaleza
todo
es
bello;
porque
sus
ojos,
al
aceptar
valientemente
toda
verdad
exterior,
lee
en
ella,
como
en
un
libro
abierto,
toda
la
verdad
interior. Y
Rodin,
con
su
descomunal
obra
da
testimonio
de
sus
palabras. 8 Reconozco
como
mis
Maestros
a:
Antonio
Pujia,
Américo
Balán,
Naum
Knop
y
Antonio
Devoto. 9 El
artista
es
un
ser
específico
que
de
manera
constante
se
muestra
tal
cual
es.
Lo
hace
con
sus
obras
y
con
sus
actos. 10 Disciplina
y
rigor
en
la
tarea. 11 Una
obra
de
arte
es
una
entidad. 12 Lo
bello
está
fuera
de
lo
estético. Acerca de Fernando García Curten Escribir
sobre
F.G.C.
se
me
hace
algo
difícil
pues
la
intensidad
y
la
inmensidad
de
su
obra
generan
en
mí
un
dejo
de
pudor
que
me
llevan
a
pensar
si
será
posible
que
con
mi
texto
pueda
estar
a
la
altura
de
la
descomunal
belleza
de
su
obra,
para
poder
contarle
a
ustedes
de
quién
se
trata. "El
arte
de
la
antigüedad
clásica
ignoraba
la
muerte.
Ni
siquiera
el
arte
funerario
la
conocía.
Las
necrópolis,
ciudades
de
la
muerte;
sus
mausoleos,
el
carnero
solar
o
la
pirámide,
plantados
como
un
desafío
en
la
arena
transitoria,
junto
al
agua
transitoria;
esas
piedras
creen
en
la
eternidad.
No
hay
más
que
pensar
en
sus
basamentos,
en
sus
volúmenes
de
otro
mundo,
en
sus
criptas
pintadas
para
ser
vistas
solo
desde
adentro.
Lo
mortal
era
la
carne
del
hombre,
no
su
espíritu
ni
la
materia
con
que
daba
forma
a
las
obras
de
su
espíritu.
Aun
la
catedral
gótica,
construida
a
lo
largo
de
generaciones
enteras,
niega,
a
lo
ancho
y
a
lo
alto,
la
aniquilación
y
el
olvido.
Por
una
paradoja
que
solo
en
apariencia
es
una
paradoja,
el
arte
toma
conciencia
de
su
muerte
en
el
Renacimiento. En la orgullosa soledad de un pueblo de Buenos Aires, un pintor, un escultor todavía joven descubrió por sí mismo estas verdades y eligió el tercer camino. El arte de Fernando García Curten es un arte agónico. Demasiado talentoso para la frivolidad, demasiado rebelde para la desesperación, García Curten encontró en sí mismo una forma de arte y probó una etimología. Agonizar, ya lo sabían los griegos, es lo mismo que luchar. En esta raíz semántica en esa contradicción, yo he visto el secreto de estos cuadros y estas esculturas. Ya se trate de un humanoide que sostiene el marco de su propio estrago, un ciclista calcinado que parece venir de Hiroshima, de un abstracto sediento comido por su propia sed, estos fantasmas de alambre y madera y clavos se instalan en la realidad como una negación. Vistos de golpe, no se puede saber de qué están hechos: lo que parece lava volcánica puede ser cartón o madera hachadas; lo que parece corteza de palmera puede ser metal. Si Fernando García Curten hubiera nacido en Londres o en París, si aunque más no fuese viviera en Buenos Aires, alguien podría ver en su obra lo que vio Sartre en la de Giacometti: |