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TEXTOS
De mi utoría
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Desde el Arte
Hacia los jóvenes
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1

Durante milenios el hombre intentó dar una explicación acerca del arte.
Hay miles de explicaciones. Unas acuerdan, otras se oponen, contradicen o niegan.
Y así podemos abordar la cantidad de explicaciones que se nos ocurra.
Seguimos aun queriendo dar una respuesta al interrogante sobre el arte.
Pero muchísimos milenios antes que estos miles de años de explicaciones hubo un hombre, uno, primero, que en ese día no le importó qué comería ni con qué se abrigaría ante el frío de la noche; porque tuvo una necesidad distinta. Entonces corrió hacia el muro de la cueva y plasmó una imagen. Fue el comienzo de todo.
Tal vez una puesta de Sol, la lluvia, el color de las hojas -por lo que después diríamos Otoño-, la mirada de alguno de sus cercanos; quizás un dolor o una alegría lo impulsó a saber que había algo distinto. Pero necesario. Y esa necesidad fue la distinción.

Una distinción llena de todos.
Entonces Hölderlin diciendo: "Puesto que existimos como lenguaje. Y podemos oírnos los unos a los otros".
¿Qué llevó a aquel hombre a modificar la pared de la cueva imprimiendo en ella una imagen que aun hoy nos sigue asombrando, colmándonos de emociones?
Porque después de milenios hablamos, discutimos, proponemos una enorme cantidad de argumentos sobre si la obra es el trabajo que el artista hizo o si es en verdad el producto de algo concebido previamente.
Pero aquél; aquél primero ¿Qué? ¿Cómo? ¿Para qué? Pues no había nada antes. No sucedía intelecto, ni memoria, ni inconsciente colectivo, ni la posibilidad de hacer la obra a la manera de, o interpretando a...
No. No era factible algún afano, o robo, o como quieran decir ustedes, respecto de la imagen de otro.
No se hallaban críticos para sostener con argumentos de la razón lo que en verdad se sustenta con sólo mirarlo, percibirlo,  y emocionarse; sólo se sostiene con la razón del sentimiento.
No había marchands que se ocupen de "mover" la obra ni tampoco existía la posibilidad de revistas especializadas en las cuales uno paga la nota y figura como un tipo interesante dentro de la plástica nacional con epítetos como: "novedoso", "audaz", "espontáneo", como si esto hiciese a la obra de arte o mejor dicho al artista.
Si tomamos a Antón Bruckner el pobrecito ni siquiera tendría acceso para escuchar uno de sus conciertos dado su total opuesto a estos términos anteriormente entrecomillados.
Ni que hablar de Jacob Wassermann, con una timidez casi patológica, su falta de sentido de la "realidad" diaria, su despreocupación en cuanto a las cosas que le interesan a las personas "prácticas".
Quiero decir con esto, que allá lejos y hace tiempo no existía alguien que le dijese al cavernícola que su obra era "estupenda", "graciosa", "divertida" o cualquier estupidez con la que hoy en día se cualifica a la obra de un artista.
Y que no necesariamente un artista tiene que ser novedoso, audaz ni espontáneo.
Pregunto: ¿Qué cosa misteriosa hizo que Aquél Primero tuviese la necesidad de grabar su imagen?.
Cuando Rodin creó El Pensador, alguien le observó lo forzado de la postura, ese brazo derecho apoyado sobre la pierna izquierda y el maestro respondió: -"¿Se imagina usted lo que habrá sido el primer pensamiento del primer hombre?.¡Qué momento! ¡Cuánto esfuerzo!".
Qué momento, que instante de eternidad cuando ese pensamiento quedó impreso en la roca para los tiempos.
Un pensamiento libre. Porque aquél hombre nació libre; libre en su espíritu.
Milenios después tuvimos que decir: "La liberación del hombre debe comenzar por la liberación espiritual". Y Bretón tuvo que aconsejar: " "El vertiginoso descenso al interior del espíritu".

Quizá San Agustín, nacido el trece de noviembre del año Trescientos bajo el signo de Escorpio, pueda ayudarnos en algo; escuchemos: 

"Pero Señor. ¿De qué modo hicisteis el Cielo y la Tierra? ¿Cuál fue la máquina de que os servisteis para una obra tan grande?. Porque Vos no hicisteis todo a modo de que el artista hace sus obras, valiéndose de un cuerpo para formar otro cuerpo, comunicándole aquélla figura que el alma voluntariamente y por arbitrio suyo ha trazado en su interior y mirándola con su vista intelectual, consigue en algún modo trasladarla al exterior.
Pues aun esto. ¿Cómo lo podría hacer el alma si Vos no la hubierais hecho a ella?. Fuera de que el alma no imprime aquella forma que tiene imaginada, sino a un cuerpo exterior que ya existía y que
tenía su ser substancialmente perfecto como v.gr. a la tierra, a la piedra, al leño, al oro o a otra cualquier materia semejante. ¿Y acaso existirían estos cuerpos, si Vos no los hubierais creado?. Vos, Señor, hicisteis aquel cuerpo de que consta el Artista y el alma que manda y hace trabajar a los miembros de su cuerpo y también la materia en que trabaja y hace alguna cosa; Vos le disteis el ingenio con que aprendiese aquel arte, y conque pudiese ver trazada en su interior la misma obra que él hace y trabaja afuera; Vos le disteis los sentidos corporales por cuyo medio pasa desde el alma a la materia no solamente la idea de aquella obra que exteriormente trabaja, sino también vuelve desde la obra a lo interior del alma la noticia de lo que exteriormente ha trabajado y hecho, para que ella consulte a la Verdad Interior que tiene adentro de sí misma y la preside y gobierna, a ver si está bien o mal hecha aquella obra.
Todas estas cosas os alaban y reconocen como Autor y Creador de todas ellas. Pero ¿Cómo las hicisteis?.¿De qué modo, Dios mío, hicisteis el Cielo y la Tierra?.
Bien cierto es que no hicisteis el Cielo y la Tierra ni en el Cielo ni en la Tierra, ni tampoco en el aire o en las aguas; porque también estas cosas son una parte del Cielo y de la Tierra. Ni el Mundo Universo hicisteis en el mismo Universo Mundo; porque no había donde hacerle, antes de hacerle para que lo hubiese.
Ni teníais cogida en vuestra mano alguna cosa para formar de allí el Cielo y la Tierra; porque ¿De dónde habría de haber venido aquella materia que Vos no hubieseis creado, de la cual hicisteis alguna cosa?. Ni ¿Qué cosa hay que tenga ser alguno que no sea derivado de Vuestro Ser Verdadero?.
Conque Vos solamente dijisteis que fuesen hechas todas las cosas; y con decirlo, todas fueron hechas". (PS 32,9.)

Qué cosas dice este Agustín.
Mientras escucho en el recuerdo al Maestro Adolfo de Ferrari diciéndome: "Con la razón no se pinta, con el alma sí".

Puedo colegir entonces que la creación artística no es un acontecimiento dado e inmutable. Es más bien un proceso, un camino, una diaria mutación.
Y sucede lo mismo con el espectador.
Aquel grito de Munch es ahora nuestro grito, en nuestro tiempo, en nuestra circunstancia.
Es un absoluto.
"El Grito". De Edward Munch.
La inmensidad del artista atraviesa los tiempos.
Por ello es que podemos conmocionarnos frente a esa obra sideral, agobiarnos, sufrir ante ese eco constante y permanente que concentra el dolor de la humanidad toda.
Porque no es el grito de un hombre, sino el de todos los hombres.
Ahora bien: Cuando el cavernícola plasmó el bisonte, ¿qué fue lo que sucedió?
Me hago esta pregunta casi a diario, tratando de recibir la energía de una respuesta que me conecte con aquél hombre, que me diga cual fue su maravilloso sentimiento ante la inmensidad del asombro.
Quizá encuentre algo recorriendo las distintas historias de algunos artistas que me preceden, que vivieron en los últimos dos siglos, los artistas que de algún modo se "metieron" en otras formas de cuevas, se metieron dentro de sí, aislándose, para expresar sus sentimientos y paradójicamente conectarse con el mundo.
Vlaminck en algún momento nos dice: "Ser artista no es una profesión; Tampoco lo es ser anarquista, enamorado, soñador. Ser artista es un caso de la naturaleza".
O escuchemos a Klee cuando dice que el artista debe transformarse en una especie de "médium" en comunicación con las entrañas de la naturaleza.

"Así como no podemos rechazar los "fenómenos" más extraños de la naturaleza, tampoco podemos rechazar los "fenómenos" producidos por el artista: sería como sí rechazáramos la propia naturaleza. ¿Qué artista no quisiera habitar allá donde el órgano central del tiempo y del espacio -no importa que se llame cerebro o corazón- determina todas las funciones. En las entrañas de la naturaleza, en el fondo primitivo de la creación, donde está guardada la clave secreta de todo?."

Que curioso. Siempre hay que estar aclarando estas vueltas al alma, a la naturaleza, como si nadie comprendiera que con la expresión artística ya se dice todo lo que hay para decir, pues el arte es directamente un "hecho" de la naturaleza. El Arte es la Causa Primera.
Me remito a los veinte o veintitrés mil años atrás y observen bien que digo veinte o veintitrés mil, como si nada, en apenas dos renglones. Doy tres mil años de diferencia y es todo lo que va desde el inicio del cristianismo hasta fines del tercer milenio para el cual faltan aun mil años más.
Pregunto: ¿Cuáles serán las obras y los autores que lleguen hasta los tiempos por venir?.
Miremos en rededor y hagamos un esbozo nada más de juicio valorativo y nos daremos cuenta que muchos de los que hoy se llaman artistas no llegarán ni siquiera hasta el fin del siglo que acaba de comenzar. Y cuántos, ni siquiera a la mitad del mismo.

2

Algunos dicen que Kawamura Tokitaro a quien nosotros conocemos como Hokusai, nació en septiembre de mil setecientos sesenta.
Que viene a ser entonces, contemporáneo de Francisco Goya y Lucientes, que nació en marzo de mil setecientos cuarenta y seis.
Digamos, nacimientos de hace doscientos cincuenta años atrás.
Hokusai, en el barrio de Wariquesui, distrito de Honjo. Goya en el pueblo de Fuendetodos, en Zaragoza; uno en Japón, el otro en España.
¿Habrán sabido ellos de la existencia de cada uno?
¿Habrán tenido contactos entre sí o conocido sus obras?
No sé de escritos ni textos que me den una orientación respecto de estos interrogantes pero sí he visto las obras de cada uno y siento que un espíritu afín los recorría. Cual puede ser la diferencia entre los monstruos de Hokusai con los de Goya cuando se mete con los sueños de la razón.
Claro, la diferencia es la impronta digital de cada uno, la identidad que convoca para poder gozarlos individualmente.
Aquí convendría un paréntesis para discurrir sobre ese dibujo del alma que tenemos en la punta de los dedos, que no es un atributo policíaco y que no se repite en seis mil millones de personas que habitan el planeta.
Pero dejo esto para luego.

3

Cuando uno intenta introducirse en el campo de las ideas y con deseos de compartirlo se comunica con alguien, seguramente debe preguntarse si lo que dice es a favor del encuentro, o bien genera una confusión que lo complica todo. Correré el riesgo e intentaré puntualizar para no quedar en enunciados, más allá de que estos textos salgan de mí como a borbotones, sin planificación previa de lo que quiero expresar.
Sé que es infinito el amontonamiento de ideas debido a la cantidad de personas que disponemos de ellas, a veces tan contradictorias. Es más, cuantas de estas contradicciones albergamos cada uno de nosotros.
Espero y deseo hondamente que al finalizar la lectura de estos escritos desde el arte, acordemos en una cantidad de capítulos, para que se cumpla el hecho maravilloso del encuentro. Y si así no fuere, bueno, estos son mis pensamientos, mis deseos, mis ganas y me alegra sobremanera poder expresarlos.
Suelo tener reparos con el mundo filosófico - matemático, con el mundo filosófico - científico; en verdad creo y me muevo en el mundo filosófico - poético, en el cual lo real no siempre es verdadero.
Considero que la razón nos aleja del encanto del sentimiento. Pascal decía entonces que el corazón tiene razones que la razón no tiene.
Hay una trama evidente del mundo y una trama secreta. Esta última es la que gobierna el mundo de los sentimientos, el mundo del arte.
Comienza así, la eterna disyuntiva: de que lado se está. La atmósfera o el cielo, la luna conquistada o la luna de los poetas.
"Y se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles". Esto es de Aldo Pellegrini, de quien acerco algunas palabras. Escuchemos en silencio.

"La poesía tiene una puerta cerrada herméticamente para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal, qué, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla; mientras cede a la sola presencia de los inocentes (nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia); la característica del imbécil es una aspiración sistemática a cierto orden de poder. El inocente en cambio, se niega a ejercer el poder, porque los tiene a todos.
Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas; desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes.
Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía. Porque la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse en plenitud".

A esta imbecilidad de la que habla Aldo Pellegrini, la relaciono directamente con la hipocresía, que suele causar tanto dolor y desolación en los seres sensibles.
De qué lado se está.
Hoy, con los valores trastocados, para los jóvenes, la elección es muy difícil pues los poderosos han bloqueado todos los caminos con la bruma del espanto, han sembrado de muertos las distancias y están siempre al acecho, impunes, plagados de soberbia.
No es estar de uno u otro lado, ni en los dos al mismo tiempo.
Se está de un solo lado.
De este lado.

4

A pesar de Amstrong, Glenn, Gagárin, los norteamericanos, los rusos y de toda la parafernalia de la ciencia, me atrevo a decir: la luna sigue saliendo desde el mar. Lila y yo la vimos en San Bernardo, una indescriptible noche que pasamos en la playa.

5

El mundo del espíritu cae de manera inversamente proporcional al obstinado "progreso" de la civilización. Pregunto: ¿Estaremos en los comienzos del fin de esta civilización?
Cuando el hombre entra en estado desesperante para sobrevivir, cuando la lucha por lo material parece no tener fin, cuando lo efímero, lo trivial y las comodidades innecesarias ocupan un lugar destacado mientras la tercera parte de la humanidad padece hambre, quiere decir que se ha perdido el rumbo. Así como crecen las tecnologías, la mecanización, la economía de los poderosos, del mismo modo y con la misma intensidad, crece la inseguridad y la inestabilidad a la que se ve sometido el ser humano.
Los medios de comunicación globalizados, nos muestran a diario las miserias espirituales de los gobernantes cuando vemos y oímos que nos hablan de este presente maravilloso, de sus planes económicos, de los proyectos hacia el futuro, mientras las cámaras de TV, casi como una conspiración, nos muestran los dolores indescriptibles que padecen poblaciones enteras que habitan este bendito planeta.
Miles y miles de chicos que mueren a causa del hambre a cada minuto, madres desesperadas que llevan los huesos cubiertos de piel de sus hijos en brazos que apenas pueden sostenerlos buscando una migaja cuando sabemos que ya es tarde.
Entonces Munch grita y gritará por los siglos de los siglos.
Porque el arte y la fe salvarán al hombre. Porque el arte es un acto de fe, un acto de vida.
Porque el cavernícola fue artista antes de completarse como hombre y ello sigue vigente.
Y Herbert Reed escribiendo: "Toda la fábrica de inteligencia humana, se halla amenazada en sus cimientos".
Y cuando vemos que el principio mercantil se apoderó de los valores sensibles del hombre, las palabras de este pensador poseen una presencia aterradora, dado que una máquina, un pasa cassette tiene más valor que la vida de un chico. Cuántas balas hay alojadas en la cabeza, en el cuerpo de tantos chicos de la calle.
Vivimos en la intención de un mundo mecanizado; el hombre cosificado que debe dar por perdido al hombre concreto, al hombre completo, que es espíritu encarnado.
Y ese loco de
Gauguin diciéndonos: "¿De dónde venimos?, ¿Qué somos?, ¿Hacia dónde vamos?.
Una vez más el artista que nos hace pensar y mirarnos dentro, una vez más el artista ocupándose del hombre.
Este
Gauguin que ha sufrido como pocos, pasando hambre, enfermedades, indiferencia. Más sabía lo que hacía. Claro, se refugió en la isla porque los hombres de la ciudad lo acosaban con su mediocridad, con sus estupideces, con su imbecilidad. Y en un inmenso acto de burla, le escribe al Director del Mercure de Francia una carta memorable que termina así: "Me queda por decirle que Tahití es tan agradable como siempre, que mi nueva esposa se llama Pahura, tiene catorce años y es muy libertina; pero eso no tiene comparación con sus virtudes. Y finalmente, sigo pintando cuadros de una grosería repugnante".
Y la rueda del tiempo sigue, la trama existe como marca del destino y el azar concertado nos ubica en el mismo espacio y en el mismo instante. ¿Acaso
Gauguin no está aun entre nosotros? ¿Qué es lo que sucede cuando la Energía de los Grandes atraviesa el tiempo?.
Un esclavo de Miguel Ángel es aquella vez, es hoy y será siempre.
El arte es un absoluto.
No se lo discute.
Sólo se lo siente.

6

Picasso es de los grandes.
Pero a mí me agrada mucho más Francis Bacon.

7

El arte se relaciona directamente con las palabras del profeta: "Hay que vencer la cólera con la dulzura; hay que vencer al mal con el bien, la mentira con la verdad".
Insisto con aquello de que Bello y Bien son sinónimos.

De Rodin: " Para el artista digno de ese nombre, en la naturaleza todo es bello; porque sus ojos, al aceptar valientemente toda verdad exterior, lee en ella, como en un libro abierto, toda la verdad interior.
Le basta mirar un rostro humano para descifrar un alma; ningún rasgo lo engaña; para él, la hipocresía es tan transparente como la sinceridad; la inclinación de una frente, el menor fruncimiento de cejas, lo evasivo de una mirada, le revelan los secretos de un corazón.
De la misma manera es el confidente de la naturaleza. Los árboles, las plantas, le hablan como amigos. Los viejos robles nudosos le dicen de su benevolencia para con los hombres, a los que protegen con sus ramas desplegadas. Las flores conversan con él por la curva graciosa de su tallo, por los cantarines matices de sus pétalos; cada florecita que se encuentra entre la hierba, es una palabra afectuosa que le dirige la naturaleza".

Y Rodin, con su descomunal obra da testimonio de sus palabras.
En arte, solo existen artistas o plagiarios.
Y cuando me refiero a los artistas, lo hago consciente de que estoy hablando de aquellos verdaderos que se ocupan del hombre.
Entonces alcanzamos a comprender el móvil del trabajo humano, que es esclavitud cuando su finalidad es ciega, egoísta y es alegría cuando se realiza en bien de la humanidad, en bien de los otros, en bien de cada uno.
Y que sideral paradoja que hombres trágicos como Blake, Nerval, Kierkegaard, Lautreamon, Rilke, Strimberg, Sabato, Dostoyevsky, Poe, Henry Miller, Munch,
Van Gogh, Kokoschka, Modigliani y tantos otros que sufrieron lo indecible en sus respectivas existencias, se hayan ocupado de los problemas del alma, se hayan ocupado por la creación de otros valores refundando lo ético. Si hasta duele pensar en esto.
La obra de un artista pone en juego un universo de circunstancias, penetra lugares inexplorados del alma humana donde habitan los más bellos sentimientos y los más terribles engendros del terror y de la angustia poniendo en litigio la capacidad que tiene el hombre para sobrellevar esto.
Pero hay una zona solitaria y sublime, donde se produce el encuentro para salir airoso de esta lucha indescriptible y es la capacidad para admirar. Porque no cualquiera puede. Sábato dice: "Es que hasta para admirar se necesita grandeza".
Y cuan pocos llegan a este estado. El resto está en una puja desdichada por conseguir sus oropeles, por conquistar un éxito efímero, con argumentos más efímeros aun. Luchan por tener acceso a sus pequeñas conquistas.
Y lo que les molesta es justamente la gratuidad del arte, su absoluta inutilidad. ¿Para qué sirve?. Claro, es tan gratuito como el amor.
Para ellos, que quieren cosas "útiles", esto no tiene sentido, salvo cuando le dan valor de mercancía, cotizable en el mercado. Ya vemos lo que se consiguió con esto, con jurados, críticos, coleccionistas, apostando a valores inventados durante un período, haciendo famoso a tal o cual para luego descartarlo y cambiarlo por un "nuevo valor" surgido desde las tinieblas de lo insostenible.
Pero atención, jóvenes, pues hay un juez inexorable que no es amigo, que no se puede comprar, que no está en venta, no entra en componendas ni se regala al mejor postor.
Ese Juez, se llama Tiempo.
Más en este tiempito, todos corren apresurados tras el éxito que los espera en algún rincón de la liviana existencia que poseen.
Velocidad, velocidad desesperada, vertiginosa, para llegar solamente a lo efímero.

8

Reconozco como mis Maestros a: Antonio Pujia, Américo Balán, Naum Knop y Antonio Devoto.
Ellos me mostraron, cada cual a su manera, dónde estaba mi camino.
Cuando comencé a transitarlo, me acompañaron por un tiempo hasta que llegó el momento de indagar, de aprehender, de saber por mi cuenta, de hacer la experiencia y así, iniciar la tarea para la cual fui elegido.
Uno de ellos me dijo: -"El pichón ha emplumado. Ahora puede volar".
Si se me permite, de alguna manera estos Textos Desde el Arte, están dedicados a ellos con todo el corazón.
Y los más bellos recuerdos.
Brindo entonces por ellos, con elixir de libélulas.

9

El artista es un ser específico que de manera constante se muestra tal cual es. Lo hace con sus obras y con sus actos.
De todos los modos posibles supera los escollos que suelen atormentarlo, con la decida convicción de ser fiel a sus principios, de ser fiel a sí mismo.
Si tenemos en cuenta el tiempo y la época de su nacimiento, y los valores culturales que lo rodean, podemos coincidir en que el artista lleva consigo una individualidad que no puede atribuirsele a todos. A un artista no se lo puede comparar con "el otro". Porque ese y esos otros están unidos por las circunstancias culturales de su tiempo; me estoy refiriendo a los valores establecidos por la sociedad en su conjunto.
Si Pascal decía -según Sábato- que el artista en el juego de la vida apuesta dos veces, es cierto; pero la primera es la que le toca en el reparto de los naipes; la segunda, es porque el juego le resulta insostenible y él quiere cambiarlo todo.
El artista no crea otro mundo, sino que quiere crear un mundo en el cual el hombre pueda vivir mejor.
Cuando
Picasso hace el Guernica, está diciendo todo lo contrario a lo que allí sucedió cuando la masacre.
Y si volvemos atrás en el texto, cuando insisto en que bello y bien son sinónimos, tal vez lo que quiero decir es que el artista quiere un mundo mejor; no solo para él, sino para todos los hombres.
El artista supera los inconvenientes que le propone el entorno con el que vive, porque posee una fuerza interna muy intensa, que le permite sobrellevar dolores inenarrables para poder decir eso que tiene que decir.
Con leer las biografías de
Van Gogh, Gauguin, Pissarro, Fernando Fader, por citar solo algunos de los miles que son, me libero de mayores explicaciones y detalles.

10

Disciplina y rigor en la tarea.
Indagar de todas las maneras posibles en el mundo que nos rodea, pero a través del alma.
No es de otro modo.
Dijimos, o dije, si quieren, que el alma sale a vagar en rededor, va y viene de modo constante y observa qué es lo que está aconteciendo allá afuera. A veces se detiene en un lugar y nos obliga a poner toda la atención necesaria para que retengamos tal o cual instante. Con frecuencia nos impulsa a regresar a determinado sitio aun después de haber pasado mucho tiempo. Por momentos, lo que vemos, nos parece sin sentido. A no preocuparse. Ella se encargará luego de ordenar las cosas, pondrá todo en su lugar y así, empujando, empujando, saldrá la obra que tenemos para hacer.
Convengamos, nuevamente, en que expresión, es presión hacia fuera.
Cuando digo disciplina y rigor en la tarea, me refiero al Universo del Taller, ese lugar sagrado en el que suceden los más bellos y profundos acontecimientos.
Estar. Estar allí esperando el dictado del alma, que pondrá en funcionamiento toda la energía que hace falta para que se cumpla la magia de la obra. Eso nuevo que aparecerá en el planeta para ser parte del todo que ya hay.
Pero cuidado con forzar el impulso imponiéndole la voluntad, porque de ese modo se rompe la magia.
Y el arte, ante todo, magia.
El arte no es cosa mental. Es cosa del corazón.
Lo que tiene que crecer es el corazón, no el cerebro.
Y como se ha hecho crecer el cerebro de manera desmesurada, así es como nos va.
La gran confusión ha sido confundir a la razón con la inteligencia.
¿Cómo nació la flor?
Cuando el poeta se hace esa pregunta no la hace como un botánico, un jardinero o un horticultor. En todo caso, le pregunta qué siente cuando amanece y comienza el día, como son de suaves sus pétalos, o como es el revés de una gota de rocío.
Que razón pudieron tener Shakespeare, Dante, Homero, Borges, para hacer lo que hicieron.
Qué razón pudieron tener Beethoven, Bach, Mozart, Verdi o Piazzola para hacer lo que hicieron.
Que razón pudieron tener Miguel Angel, Rembrandt, Rodin, Donatello, Fernando Fader, para hacer lo que hicieron.
"El árbol no busca sus frutos. Los produce".

11

Una obra de arte es una entidad.
Tiene vida propia, tiene su universo y el cómo y el porque fue hecha, es algo que no la modifica.
Esa identidad tiene sus pares en las distintas disciplinas que conforman el mundo del arte, cada una, con la impronta digital que le corresponde.
A su vez, esta entidad, está inmersa en la circunstancia del hombre, es una presencia que habita el planeta.
Más si alguien se detiene a observar una obra de arte, el cómo y el porque se para ante ella, es algo que tampoco la modifica.
Pero qué sucede cuando alguien se para frente a una obra para observarla, abiertos los sentidos: ese alguien ya no será el mismo.
Aparece aquí un interrogante debido al carácter esencialmente subjetivo de la obra artística y a la correspondiente subjetividad en el juicio valorativo de quien la observe.
Quizás por eso Picasso dijo que una obra de arte es tantas obras como gente la mire.
Quiere decir esto, que esa entidad, esa cosa que tiene su propio universo, funciona como disparador de las necesidades sensibles de quien se detiene ante ella y debido justamente a que ese encuentro se da en el plano de lo subjetivo, es que cada uno ve allí lo que solamente ese uno puede ver y sentir.

12

Lo bello está fuera de lo estético.
Sucede que hace mucho tiempo vinieron los racionalistas a decirnos donde estaba la belleza. Llegaron con el bisturí del análisis y comenzaron a desmenuzar, observando y haciendo observar que tal masa, que tal plano, que el ritmo, la línea y todo lo que hace a la composición de una obra estaba bien o mal hecho.
Dijeron: he aquí lo bello.
Mentiras.
Un Esclavo de Miguel Ángel no es bello por lo que estos tipos dijeron.
Es bello porque está cargado de una Energía Superior,  misteriosa, que se produce en el instante en que Miguel Ángel inicia el recorrido de las formas para determinar el volumen de ese esclavo. Por algo dijo que lo que él hacía estaba dentro de la piedra y que solo tenía que quitar lo que estaba de más. El sabía de qué se trataba.
Pero es bello también porque se ocupa del hombre, en este caso del hombre que sufre. Porque a él le dolía el sufrimiento o porque quizá se sentía esclavo en su propio sufrir o atado a sus propias circunstancias. El caso que fuere da lo mismo, no modifica en absoluto el resultado: la descomunal belleza del esclavo.
Digo entonces que lo bello está en lo ético.
Porque la fealdad también tiene sus manifestaciones. Fea es la tortura, fea es la guerra, la injusticia, la corrupción de los gobernantes, la impunidad, el hambre, la esclavitud, la desocupación y cuantas cosas más.
¿Qué es el acto de un policía deteniendo a un joven por su vestimenta o por los tatuajes que libremente se hizo en el cuerpo?
O cuando paran por las calles pidiéndole documentos a personas de tez morena porque para estos señores el color de la piel de estas gentes les da inmediatamente categoría de "sospechosos"
Y entonces le dice Pizarro en una carta a su hijo Lucien: "¿Quién les da la libertad, para cercenar la libertad de los otros?"
Reitero: Lo bello está en lo ético.
Lo que el artista hace, es contar lo que ve, lo que acontece en el mundo, pues es un testigo.
En este tiempo, en este horror globalizado, el artista más que nunca debe contar eso que ve. El artista no escamotea, no oculta. Dice la verdad.
Es testigo de su tiempo y a veces del tiempo por venir.
Va a la esencia, a lo verdadero.
La belleza en lo estético es artificio.
La Naturaleza tiene otros valores y la Energía Universal otros modos de expresión.
Por ello solo el hombre puede ser ético.
Escuchen Los Cuartetos Medios de Beethoven o Las Cuatro Piezas Sacras de Verdi y se darán cuenta de qué estoy hablando.

Acerca de Fernando García Curten

Escribir sobre F.G.C. se me hace algo difícil pues la intensidad y la inmensidad de su obra generan en mí un dejo de pudor que me llevan a pensar si será posible que con mi texto pueda estar a la altura de la descomunal belleza de su obra, para poder contarle a ustedes de quién se trata.
Haré el intento, correré el riesgo.
Pero siempre me quedará aunque no pueda elevarme en vuelo, la certeza de lo que interiormente acontece en mi alma cuando veo y recuerdo la obra de este hombre grande que me fue dado en gracia conocer.
Fue así. Tuve que ir a la ciudad de San Pedro por una invitación que me hicieron para presentar bocetos con la idea de hacer un monumento a la amistad, que se instalaría justamente, en el Parque de la Amistad. Nos reunimos con políticos, con el Intendente, para iniciar y dar forma al proyecto que finalizaría con la inauguración del monumento.
Hablamos, nos reunimos, hablamos, nos reunimos, hablamos, hablamos y como generalmente suele suceder con los políticos por esa cosa que llaman "la interna", nada de esto se cumplió. Los bocetos fueron a parar a cualquier lado.
Pero tiempo después sabría que mi viaje a San Pedro tenía otro significado; que fui a esa ciudad para encontrarme con García Curten.
Una de las personas que frecuentaba las reuniones con los políticos, me dijo una tarde que allí había un escultor. Pensé que se refería a uno de los presentes y riendo, me dijo "no, en San Pedro tenemos un escultor".
Yo había viajado con Carlos Ferrari y Roberto Lo Tártaro, que participaban del proyecto; Lo Tártaro como Arquitecto, pues la cosa era de grandes dimensiones y él se haría cargo de parquizar el asunto. Comento esto, pues cuando el Sampedrino nos invitó a visitar el taller del artista de San Pedro, por lo bajo le dije a uno de mis amigos": vamos a ver los gauchitos del escultor".
Allá fuimos y como éste no estaba, tuvimos que mirar por una de las ventanas del taller. Cuando lo hice, caí hacia atrás, como fulminado por una energía poderosísima. Mis amigos me sostuvieron y el Sampedrino me preguntó qué sucedía y creo que dije algo como...-¡pero este tipo es un genio!.
Lo primero que vi fue El Cristo, que después supe que se titula "Cristo Para Armar". Y fui recorriendo como pude esas imágenes dolorosas, desgarradas, tremendamente fuertes que allí estaban expuestas mientras por mis mejillas caían lágrimas de emoción y culpa al mismo tiempo. Había recibido el sopapo mayor del universo aplicado a mi soberbia. Desde ese instante todo sería distinto. La amistad con Fernando quedó sellada en el primer abrazo que nos dimos cuando fuimos presentados al otro día.
Quiero transcribir ahora un texto de Abelardo Castillo que salió editado en Cuadernos Hispanoamericanos en el número 450. Abelardo dice esto: 

"El arte de la antigüedad clásica ignoraba la muerte. Ni siquiera el arte funerario la conocía. Las necrópolis, ciudades de la muerte; sus mausoleos, el carnero solar o la pirámide, plantados como un desafío en la arena transitoria, junto al agua transitoria; esas piedras creen en la eternidad. No hay más que pensar en sus basamentos, en sus volúmenes de otro mundo, en sus criptas pintadas para ser vistas solo desde adentro. Lo mortal era la carne del hombre, no su espíritu ni la materia con que daba forma a las obras de su espíritu. Aun la catedral gótica, construida a lo largo de generaciones enteras, niega, a lo ancho y a lo alto, la aniquilación y el olvido. Por una paradoja que solo en apariencia es una paradoja, el arte toma conciencia de su muerte en el Renacimiento.
Leonardo descreía de la duración de la pintura. El arte de nuestros días sabe que es efímero. Si Dios ha muerto como cantó Zaratustra, todo está corrompido y trabajado por la muerte. El único tiempo de las obras del hombre es ahora. Ya se pinta sobre cartón, sobre paredes que se desplomarán mañana. Hilo, lata desperdicios, chatarra: muchos de los mayores artistas contemporáneos formulan sus sueños con estos materiales. Ya se sabe, hasta una catedral puede estar construida con basura. En este estado de cosas, parece no haber más que tres caminos: la desesperación, la frivolidad o la agonía.

En la orgullosa soledad de un pueblo de Buenos Aires, un pintor, un escultor todavía joven descubrió por sí mismo estas verdades y eligió el tercer camino. El arte de Fernando García Curten es un arte agónico. Demasiado talentoso para la frivolidad, demasiado rebelde para la desesperación, García Curten encontró en sí mismo una forma de arte y probó una etimología. Agonizar, ya lo sabían los griegos, es lo mismo que luchar. En esta raíz semántica en esa contradicción, yo he visto el secreto de estos cuadros y estas esculturas. Ya se trate de un humanoide que sostiene el marco de su propio estrago, un ciclista calcinado que parece venir de Hiroshima, de un abstracto sediento comido por su propia sed, estos fantasmas de alambre y madera y clavos se instalan en la realidad como una negación. Vistos de golpe, no se puede saber de qué están hechos: lo que parece lava volcánica puede ser cartón o madera hachadas; lo que parece corteza de palmera puede ser metal. Si Fernando García Curten hubiera nacido en Londres o en París, si aunque más no fuese viviera en Buenos Aires, alguien podría ver en su obra lo que vio Sartre en la de Giacometti: